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La ola de frío nos alcanzó a todos y, mientras chispeaba helado la siesta del lunes 9 de julio, fecha de nuestra independencia, el cielo lentamente se fue silenciando. El agua, convertida en agua nieve, comenzó a danzar en el aire un poco más blanca, más volátil. Y, lo que parecía imposible -en plena época de calentamiento global- en Buenos Aires, comenzó a nevar. |
